Suficiente o no, es mi decisión

Una creencia limitante que ha estado bastante pegada a mi vida es la que no me va a dar el tiempo para cumplir mis actividades. Este patrón de pensamiento me ha generado un montón de episodios de ansiedad, al sentir como el tiempo pasa y las cosas por hacer no se acaba. Sumado al choque con las cosas que quiero hacer en el fondo de mi corazón y las que tengo que hacer, el sufrimiento aparece fácilmente.

Pero recién me cayó el veinte de algo al cancelarse una cita de una persona conmigo. Me puse de mal humor de la falta de respeto de la otra persona hacia mi horario, me desesperé por todas las cosas que pude hacer y que no hice, y así me estaba conectando con esa espiral de pensamientos destructivos, hasta que una voz en mi interior me dijo: ¿no que siempre quieres tiempo para ti? ¿Por que no aprovechas de este cambio de agenda?

La verdad es que me sentí un idiota, ¡mi queja me estaba impidiendo ver mi bendición! Siempre ando rezando por tener tiempo para ciertas actividades, y cuando la vida me lo pone, no me doy cuenta y no lo aprovecho, todo por que mi enfoque estaba donde no debería de estar, en particular por que mi ego estaba en las riendas del asunto.

En el momento que entregué mi poder personal a algo externo, entregué también mi oportunidad de sentirme bien. Por eso la ansiedad aparece tan constantemente, por que pienso que no depende de mi, y aunque obviamente hay cosas que efectivamente así son, mi reacción y sobretodo como decida experimentar la vida, si depende de mi.

Contactando un poco más profundamente con mis emociones, me doy cuenta que toda esta situación me afectó emocionalmente, pues subconscientemente me llenó de resentimiento hacia mi mismo, ya que en cada ocasión que no me daba un tiempo para mis prioridades personales -esas que me llenan de alegría en el corazón- en el fondo algo se me marchitaba.

Por eso creo que no solo es importante decretar que hay tiempo suficiente, sino que es de vital importancia dedicarle un poco de tiempo a nuestras prioridades. En algún momento se me olvido o quizás incluso nunca practique, que la vida nos da el derecho divino de ser felices y de hacer lo que nos trae ese estado. Pero Dios nos da la libertad de elegir.

Hoy después de haberme perdido, descubro que tantas oportunidades hay para hacer lo que me gusta, por lo que renuncio a estar con el miedo de que no se pueda, pues eso solo me trae carencia, en cambio decido fluir y confiar en que la vida me va a abrir los espacios necesarios para mis prioridades del corazón.

Decido confiar, decido fluir, decido ser feliz. Así es, y así será.

Namasté.