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No eran ellos… era yo.

No eran ellos… era yo.

Siempre me supe bastante diferente a los demás de mi familia. Tanto en mis gustos como en muchas cosas siempre fui bastante distinto a ellos. Me enfoque tanto en mis diferencias con ellos hasta tal punto que pensé que tenía que defenderme, pues al ser diferente me iban a querer cambiar.

Muchas actitudes de mi familia me lo confirmaban, me sentía criticado y muchas veces poco comprendido. Los consejos eran para que yo dejara de ser diferente y no para que honrara lo que yo soy. Como es de esperar me alejé de ellos. Fue una distancia enorme la que se formó a tal punto que sentía que existía un abismo que me hacía verlos como todo menos como mi familia.

Fue entonces que comencé mi camino hacia ser un poco más amoroso, y empecé a darme cuenta de una realidad importante, ¡No eran ellos, era yo!. El que montaba muchas barreras, el que se sentía excluido y diferente era yo. Así que decidí asumir la responsabilidad y entender lo que pasaba, decidí como podía hacer más amorosa la situación. 

Decidí hacer mi parte por entender, y me di cuenta que cada quien ve las cosas desde sus propios ojos. Muchos de los consejos que me daban era por que no me entendían y me aconsejaba desde su perspectiva. Tuve que asumir que yo era el diferente, me tocaba hacer mi parte para que me entendieran, pero por su puesto antes tuve que perdonarlos y perdonarme. Había creado una enorme barrera emocional que me impedía conectarme con mi familia en amor.

Hoy puedo presumir que aunque por supuesto hay detalles como en cualquier familia, mis relaciones con ellos son en un marco de armonía y respeto. También he tenido que aprender a ser un poco asertivo para expresar mis sentimientos y establecer limites. Muchas de las cosas que me decían y me lastimaban eran sin esa intención, ¡Ellos ni siquiera se daban cuenta!.

Esto es lo que sucede con la mayoría de las relaciones cuando hay un verdadero amor uniéndolas. Cuando aprendemos a quitar todo eso que se interpone, este amor deja de tener interferencia y puede fluir de maneras que jamás nos imaginamos.

Ser amorosx implica estar disponible para ser amado, e incluso también ayuda mostrarle a los demás el camino y la forma para hacerlo.

Namasté.

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