Fallar no te define.

Fallar no te define.

En definitiva equivocarse es de las “peores cosas que nos pueden pasar”. Frustra enormemente intentar algo con toda la ilusión y que no se nos de. Por si fuera poco el perfeccionismo (que está involucrado en esta sensación) es el padre de todos los sufrimientos. Y es que en realidad fallar es una señal de avance, no de negación y mucho menos de retroceso. Es decir, todo depende de la visión con la que veamos las cosas.

Es importante aprender a ver nuestros tropiezos como un escalón, en lugar de verlos como una barrera. Aun si renunciamos a lo que estamos buscando, todo habrá valido la pena. Aunque seamos muy sinceros, fallar apesta. Es horrible que te pase pero de ahí a permitir que esto nos defina es otra cosa.

Y creo que es en realidad lo que nos pasa, ponemos nuestro valor personal en nuestros resultados, en lugar de ponerlos en nuestro ser. Una de mis frases favoritas al respecto es de Michael Jordan: “He triunfado por que he fallado más que nadie”. Para mí es contundente, de algún lado sacamos la idea de que para que algo se nos de, todo tiene que ser color de rosa y estar bandeja de plata.
La realidad es otra, todas las personas exitosas que conozco tuvieron un gran fracaso del cual aprendieron, o tomaron un enorme riesgo. Eso fue justo lo que hizo que hoy estén disfrutando lo que han trabajado, pero además, eso no significa que no sigan aprendiendo. A nuestro ego no le gusta el trabajo, le gusta que nuestra vida sea un cuento de hadas.

“Lo malo” es que la vida es muy distinta a ello. De hecho el gran propósito de nuestra vida es en realidad aprender, para hacerlo necesitamos tropezarnos, nos guste o no. Hay que aprender del fracaso y aprender a amarlo como lo que es, parte del proceso de aprendizaje y una estación más cercana a lo que uno quiere.

De nuevo quiero hacer énfasis en algo, fallar no te define. Renunciemos a nuestro miedo a equivocarnos. Que metamos la pata en algo, es en realidad señal de que la vida nos está dando oportunidades, y siempre nos las va a dar. Las cosas van a llegar a nuestra vida no cuando queramos sino más bien cuando estemos listos.

Ahí es justo donde la humildad es necesaria. Necesitamos reconocer que no estamos listos a menos de la vida, no de lo que necesitamos. Pero que algo “no se de”, no es señal de que se nos está negando, sino más bien de que nos necesitamos preparar. Eso solo lo conseguimos aprendiéndonos amar sin condiciones, sin importar el resultado de nuestras acciones.

Nuestros tropiezos convertidos en aprendizajes son en realidad un paso hacia adelante. No nos definen ni nos anclan a una realidad, pues eso no depende de nuestras acciones sino más bien del valor que nosotros mismos nos demos.

Namasté.

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