Un mal que nos afecta a todos

Sin temor a equivocarme, el estrés es un mal que nos afecta a todos. Es preocupante que seamos capaces de vivir con los músculos tensos, dolores de espalda o cuello, enfermedades e, incluso, trastornos mentales. Por lo anterior, la salud mental y la ecuanimidad, necesaria para enfrentar las dificultades, deben ser una prioridad para todos.

Vinimos a esta vida a disfrutar, es algo en lo que siempre he creído, sin embargo, cuando la tensión me hace olvidar lo bello del mundo, cuando comienzo a ver solo “lo malo” que sucede, me percato de que es momento de detenerme, analizar la situación y calcular cuáles son las cosas que me afectan y de qué manera.

Pero a todas estas, tenemos que saber claramente una cosa: ¿qué es el estrés?; para mí la mejor definición es la de Louise Hay: “el estrés es simplemente un miedo”. Aunque el temor que está detrás del estrés puede tener muchas connotaciones, por lo general viene de no vivir en el presente. El miedo es una memoria del pasado, que genera ansiedad por el futuro y las situaciones que quizá podrían presentarse. En mi experiencia, cuando se observan dichos miedos con el intelecto racional, se reconoce que son pensamientos infundados.

Durante el día estamos tan ocupados, tan conectados con el mundo exterior, que no escuchamos los mensajes que nos envía el cuerpo, que en su sabiduría se comunica con nosotros siempre; es necesario prestar atención, observar nuestro interior y captar todas las señales que el cuerpo nos envía, a veces en forma de malestar o dolor; escuchar el cuerpo nos permite alcanzar un estado armónico. Es importante también observar hasta que podamos darnos cuenta de dónde provienen las ideas preconcebidas, las ansiedades y los temores, porque las peores afectaciones de nuestro ánimo provienen de vivir desconectado de uno mismo. Hay que detenerse, observarse y darse cuenta de cuáles son las emociones que nos inquietan, de esta manera podremos integrar y alinear nuestro ser.

Así que les invito a adoptar una disciplina muy útil para enfrentar las vicisitudes de la vida: dediquen varios momentos del día a respirar, a mirar en su interior y a tomar consciencia de cómo se encuentran el cuerpo y la mente. Esta pequeña introspección permitirá detectar el estrés y las situaciones que están causado los desequilibrios.

Un hábito que me es útil consiste en escribir recordatorios en mi teléfono, así cada vez que recibo un aviso dedico unos minutos a observarme. Después de esta rutina mi relación con las cosas cambia radicalmente. Esta disciplina es sencilla y poderosa, de realizarse, nos enseña a reaccionar con mesura ante nuestras emociones. Ojalá encuentren una manera viable de llevar a cabo este ejercicio, pues lo más importante es hacer el compromiso y practicar de forma constante.

Saber qué habita en nuestro interior es  un inmenso remedio para vivir sin estrés. Respira, observa y deja que el mensaje llegue.

Namasté,

Dano