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Practico Yoga cuando levanto pesas

Practico Yoga cuando levanto pesas

Desde que conocí el yoga, me enamoré de esta disciplina y poco a poco se convirtió en parte de mi vida cotidiana. Es así que durante más de diez años mi relación con la práctica se ha ido transformando: esta pasó de la obsesión por obtener sus beneficios o  lograr alguna postura, hasta sentir angustia por no estar en el tapete con la frecuencia que deseaba.

El nacimiento de mi hija, las lesiones, las enfermedades y, por supuesto, mi evolución personal han ido cambiando mi relación con la disciplina. El tiempo me ha descubierto que el yoga se adapta a las necesidades de cada persona, pues uno de sus pilares es la flexibilidad. Ante este punto, quiero aclarar que la flexibilidad es un beneficio y no un requisito para practicar; tristemente mucha gente que se considera rígida no se acerca a esta disciplina. Aunque lo corporal tiene cierta importancia, la verdadera práctica está más relacionada con lo energético que con lo físico: yoga es la unión de lo que a veces la vida separa pero que está conectado, como el cuerpo y el alma, lo material y lo inmaterial, la razón y la emoción.

Con el paso del tiempo he descubierto que el yoga es mucho más que una asana (postura), pues uno puede realizar asanas impresionantes desde el punto de vista físico, uno puede llevar años practicando  y ser un yogui principiante si no se comprende el sentido verdadero de la práctica: unión con uno mismo.

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Hoy, después de diez años, parece que por fin empiezo a dejar de ser principiante. Aunque sé que me falta mucho por aprender, ahora comprendo que el yoga no es lo que sucede en un tapete, sino lo que ocurre en la vida y la actitud que tomo ante esta. Después de tantos años, ahora entiendo que practico en la oficina, en la casa, en el café, en el tráfico e, incluso, mientras hago ejercicio y alzo pesas. También me comprometo con la práctica de yoga cuando en el gimnasio coordino movimientos y respiración; hago yoga cuando uso bandhas (candados energéticos) para canalizar la fuerza, la estabilidad y la  energía; soy disciplinado cuando respeto mis límites, no levanto más peso y recuerdo el principio de ahimsa o no violencia, que es necesario en nuestra relación con nosotros mismos y con el mundo.

Ahora sé que el yoga nos enseña a actuar en todas las situaciones con consciencia. Hoy sé que la disciplina no es lo que haces, sino cómo lo haces. Ese es el verdadero yoga.

Namasté,

Dano

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