Sentir es vivir

Ser sensible es un don que debe aprenderse a utilizar. Es muy fácil bloquear nuestros sentimientos e intuición; en cambio, aprender a vivir desde lo que dicta nuestro corazón es complicado y requiere de valentía. Creo que este mundo necesita a personas intuitivas, pues son justamente ellas las que pueden cambiar el actual estado de cosas.

Aunque siempre será más sencillo y cómodo dejar de  sentir,  Dios hizo a las personas sensibles para mostrar nuevas posibilidades de estar en el mundo.

La sensibilidad es una fuente de conocimiento que permite acceder a mucha más información de la que podríamos imaginar. El primer paso para abrir este mundo de conocimiento es permitirse sentir y aprender a observar qué es lo que nos llega a través de nuestras emociones. Solo mediante este proceso es como podemos empezar a usar nuestros dones y nuestra intuición.

El mayor riesgo para las personas sensibles es que se les rompa el corazón, porque el dolor que llegan a sentir puede ser abrumador. Esa es quizás la principal razón por la que en ocasiones prefieren bloquearse: la negación de su naturaleza les otorga una falsa seguridad. Por otro lado, también es un error dejar que sean las emociones desbordadas las que dirijan su vida. Las emociones son una guía y una herramienta; para dirigir está la consciencia, la cual nos permite interpretar las emociones y lo que el universo nos está dictando.

Pero debemos recordar que nuestra alma se comunica a través del sentir. Siempre he creído que, cuando permitimos que el corazón nos guíe, nuestra vida se torna mucho más plena porque en nuestro corazón yace una inteligencia poderosa que vale la pena considerar.

Recuerda esto: sentir es vivir.

Namasté,

Dano