Los fracasos son una bendición

Los fracasos son una bendición

Hace unos meses, recibí una llamada de mi restaurante en la que me informaban que nos habían suspendido el servicio de luz eléctrica. Ese día reaccioné en un principio con mucho enojo pues era injusto que esto ocurriera cuando el pago lo había realizado puntualmente; en un segundo momento llegó la tristeza y la frustración, esta última me reveló que las cosas no estaban funcionando como debieran, había muchos problemas en el negocio y, además, el restaurante se mantendría cerrado hasta que el suministro de energía se restableciera. Ese día me sentí derrotado, recuerdo que abracé a mi esposa, lloré y me pregunté por qué me ocurría esto si tenía tantas ganas de que el negocio funcionara, por qué la vida probaba mi resistencia.

Cuando me tranquilicé un poco y volví a pagar el servicio para que la energía fuera conectada lo antes posible, comenzó una batalla campal en mi interior: me debatía entre renunciar o continuar. Sin embargo, a pesar de que tenía ganas de «tirar la toalla», en mi interior algo me advertía que aún quedaban cosas por hacer.

Como magia, cuando me encontraba inmerso en un mar de dudas, al día siguiente empezó una racha en la que al restaurante le fue mejor que nunca. Después de una crisis previa de ventas que terminó con el injustificado corte de luz, todo prosperó de una manera increíble e inimaginable. ¿Qué podría haber pasado? Anteriormente, a pesar de mi empeño, intenté abarrotar el lugar sin éxito. Me preguntaba qué había cambiado, no comprendía por qué las personas de la noche a la mañana comenzaron a visitar mucho más el restaurante.

Lo único que me hizo continuar fue algo que le confesé a Dios en oración: “siento que debo continuar pero ya no puedo, así que lo dejo en tus manos”. Renuncié, se lo entregué todo y cuando lo hice quedó en las mejores manos.

Yo forcé las cosas y actué con miedo en todos mis intentos por mejorar la situación. Cuando renuncié comprendí que los fracasos nos hacen dejar el control para entregárselo a Dios, al universo o al ser superior en el que uno crea, y con esta renuncia permitimos que las cosas fluyan.

Un tropiezo o un fracaso no es una negativa hacia nuestros deseos, sino  una señal de que algo no está fluyendo. Quizás en los momentos de más duda es cuando hay que renunciar a la obsesión por controlar el desenlace, es tiempo de permitir que la confianza afluya y dejar que las situaciones se desenvuelvan como tengan que hacerlo.

La confianza es necesaria para que nuestros deseos se materialicen, pero solo podemos confiar cuando entregamos el control completo. El fracaso es una bendición, relájate y disfruta el proceso.

Namasté,

Dano

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Muchas gracias por todo lo que nos compartes,cada vez que veo mis correos y empiezo aver lo que mandas me siento muy tranquila y más relajada,dios te bendiga siempre,abrazos de luz

  2. Bellisimo mensaje , gracias por compartir . NAMASTE . . .y si la magia y voluntad de Dios siempre nos sorprende y nos transforma

  3. Realmente Dano eres un inspirador en mi vida Gracias por existir

  4. Maravilloso que no nos dejas bajar la guardia todos tenemos bajones y tu nos alientas a seguir namasté

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