¿Existen los Ángeles malos?

En más de una ocasión, me han intentado convencer de que no es bueno rezarle a los Ángeles porque se cree que algunos de estos son «malos». Quizás ustedes se preguntarán si puede entrometerse un espíritu de vibración baja cuando pedimos ayuda divina. La respuesta es no. Lo que sí puede ocurrir es que  nuestra vibración esté centrada en el miedo y uno atraiga situaciones relacionadas al temor, por esto es importante recordar que no conectaremos con energías negativas si nuestro corazón es puro y nuestros ojos están apuntando al cielo.

Pedirle ayuda a los Ángeles es seguro y un auténtico regalo: los Ángeles son los mensajeros o ayudantes de Dios y trabajan en comunión con Él. Además, cuando tenemos miedo es difícil sentir la presencia divina, y los Ángeles, al estar en un plano más cercano a nosotros, nos permiten comunicarnos con nuestro Padre.

Dios está en todo y al pedir ayuda siempre estamos en contacto con Él, sin importar si nuestro mensaje se lo entregamos a un ser de luz o a una persona de carne y hueso. Si permitimos que otros nos brinden ayuda para hacer más ligero nuestro andar, por qué no pedirle asistencia a seres divinos cuya misión es auxiliarnos. Lo desconocido no debe producirnos miedo: así como los católicos se comunican con María, Jesús o el Espíritu Santo y han descubierto las ventajas de hacerlo, por qué habría riesgo en pedir ayuda a los Ángeles.

La comunicación con otros seres de luz no es ni una traición ni una ofensa hacia Dios. Recuerda que el mayor deseo de nuestro Creador es que seamos felices: Él es incondicional y nos ama bajo todas las circunstancias. Los Ángeles son seres de luz que nos ayudan a acercarnos a Dios y nos protegen de situaciones negativas. Cuando se comenta que corremos riesgo en pedirles ayuda, claramente observo una cerrazón en la conciencia que impide amar a otros seres de forma plena.

La vida es abundante y Dios nos ha regalado a muchos seres de luz como los Ángeles. Ten fe, confía y deja que el amor del Creador llegue a ti de diversas maneras.
Namasté,

Dano