Esto es lo que sucede cuando haces una regresión

La primera vez que escuché el concepto de regresión, me imaginé algo demoníaco y de temer porque suponía que perdería la consciencia, quedaría a merced de otros y me harían maldades. Hoy me río de cómo nuestros miedos nos hacen inventar historias casi de ciencia ficción. Ahora sé que hay muchos tipos de regresiones, unas de estas son muy útiles para sanar adicciones, apegos, enfermedades y conocerse mejor.

Hay quien piensa que la regresión se lleva a cabo por medio de la hipnosis, pero no es así, la persona interesada en realidad solo necesita relajarse y contactar una emoción o situación del pasado con plena conciencia. Otra forma de regresión es cuando se retrocede en el tiempo con ayuda de un guía, aunque la asistencia de alguien no siempre es necesaria.

La regresión, por medio de una relajación profunda, permite entender situaciones de nuestro pasado como pendientes, miedos y expectativas. Durante este ejercicio, se accede a un trance consciente que nos permite reconocer información guardada en las capas más profundas de nuestro ser.

Yo me sorprendí de lo fácil que es hacer una regresión. También he presenciado cómo otras personas descubren cosas de sí mismas y de su alma de una forma sencilla, pues con la regresión lo invisible se vuelve visible.

Aunque este ejercicio es muy beneficioso, es importante advertir que no se debe realizar sin un objetivo claro. También es primordial ser cuidadosos y no actuar de forma egocéntrica, hay que evitar creer (y decir) cosas como «en una vida pasada fui emperatriz» u otras afirmaciones grandilocuentes. Lo importante de las regresiones es conocer nuestra historia, visualizar qué es lo que antes nos hizo sufrir y saber qué sigue abierto en el presente.

El pasado es pasado a menos de que influya en el presente. Las regresiones nos permiten encontrar lo profundo e imperceptible y liberarlo para que nos deje de afectar de una vez por todas.

Recuerda, lo que sanamos nos permite ser más felices, así que vale la pena ir al pasado para cerrarlo de una vez por todas.
Namasté,

Dano