Así se desarrolla la ansiedad

Sudor en las manos, en las axilas y palpitaciones aceleradas son el reflejo absoluto de que estoy en un estado de ansiedad. Muchas veces me pregunto qué me está pasando porque no encuentro una razón por la cual sentirme angustiado, luego recuerdo un hecho importante: la ansiedad no se desarrolla en el consciente, sino en lo instintivo, y aparece cuando mi sistema detecta riesgos. ¿Pero qué es lo que me lleva a ese estado?, el hábito de preocuparme y sus efectos, como explica Gabby Bernstein, “la preocupación es una oración para el caos”.

Hoy analizo las situaciones en las que se presentó la ansiedad y descubro que no sé cuándo empecé a darle importancia a las posibilidades negativas. Hace un tiempo creía que meditar sobre las circunstancias adversas era una manera de prevenir. Hoy sé que al preocuparme le daba fuerza a una emoción que derivaba en ansiedad; también descubro que, como siempre actuaba imaginando los panoramas menos favorables, me volví muy hábil para conectarme con eso que evitaba.

Hay que recordar todos los días que le damos fuerza a aquello en lo que nos enfocamos, y que el sufrimiento nace de darle atención a un trauma del pasado o a una posibilidad del futuro. Antes ignoraba mi ansiedad en el alcohol que, a pesar de no generarme un problema grave de dependencia, me hacía evadir el mensaje de mi cuerpo. En vez de afrontar dicho mensaje, pensaba que mi ansiedad me hacía defectuoso, cuando el problema real era que me negaba a aceptar mis temores y a mí mismo.

Si bien yo no soy mi ansiedad, por el momento esta ha regresado, pero hoy logro calmarla cuando la identifico. En momentos difíciles, cierro los ojos, respiro profundo unas cuantas veces, escucho el mensaje que la ansiedad me trae y observo cómo esta disminuye. El yoga, la meditación, las regresiones y el tapping también son las herramientas que me han ayudado a calmar esta sensación de que todo está mal.

Pero al final de cuentas lo que hay que entender es que la ansiedad no es un enemigo a vencer, en realidad es mensajera de algo que podemos sanar. Para mí esta significa dejar de darle atención a lo malo, empezar a dirigir mi energía a lo que realmente quiero que pase y confiar que, ante panoramas obscuros, siempre sabré cómo resolver los problemas.

Creo que la mejor respuesta ante la ansiedad son la fe y la confianza, músculos que hay que desarrollar para que estén en su máxima capacidad y nos asistan en los momentos en los que necesitamos paz.

Namasté,

Dano