Aprender a decir que no

Hace poco recibí una propuesta muy atractiva de trabajo que por mucho tiempo desee. Si bien todavía es una invitación muy seductora, esta no entra en mis planes a corto plazo; hoy recuerdo la importancia de la abundancia y el gozo que viene de saber qué tomar o no de la vida. No debemos apresurarnos ante las oportunidades que parecen únicas si en el fondo no son las que buscamos.

En vez de aceptar a diestra y siniestra, debemos confiar en el universo y estar al tanto de que las opciones son ilimitadas sin importar si estamos hablando del trabajo, las relaciones o la vida en general. El universo se encarga de proveer lo que vibramos y deseamos, por esto debemos tener claro qué buscamos para actuar en consecuencia.

Yo confío en lo que viene, sé que mi oración es respondida y todo es cuestión de tiempo. Obviamente hay que tener un equilibrio: las cosas no se dan en bandeja de plata sin esfuerzo, es importante labrar el camino, trabajar con fe.

Todos merecemos lo mejor de la vida, pero solo cuando tenemos la actitud (vibración) de que algo es para nosotros es que esto llega. No hay que dudar, la vida es tan fácil o tan difícil como uno quiera. Además, en este proceso, debemos perdonarnos por todas aquellas veces que dijimos que sí cuando queríamos decir que no.

El amor y el perdón a uno mismo nos permiten reconocer las bendiciones del presente, preparan el camino y abren la puerta a mejores oportunidades. A veces hay que decir que no y esperar la vida de nuestros sueños.

Namasté,

Dano