Santa Claus sí existe

Durante años, desde la infancia, nos hemos preguntado si Santa Claus existe o no. Incluso hay quien ha calculado la velocidad en la que tendría que repartir los regalos para cubrir toda la Tierra: debería avanzar 300 000 kilómetros por segundo, algo que parece imposible y que nos hace dudar. Y sin embargo, a pesar de las preguntas y misterios sin resolver, Santa sí existe. Déjenme explicar por qué me atrevo a afirmarlo.

Para que alguien exista solo basta con creer en él o ella, una verdad colectiva crea una realidad, y este es el caso de nuestro amado Santa Claus. Él representa la bondad, la inocencia y, sobre todo, la fe. Así que cuando practicamos todos esos valores estamos creyendo en él.

Hace unos días mi hija me preguntó por qué había niños que no recibían regalos de parte de Santa. Después de unas respiraciones profundas, la respuesta llegó con claridad: ¡Porque no creen! Santa llega únicamente donde se cree en él.

Habrá personas que me digan que hay niños que creen en él y aun así se quedan con las manos vacías. Puedo asegurar que si esto ocurre es porque los padres les enseñaron a dudar y les inculcaron la idea del poco merecimiento.

Santa es alguien que se vale de muchos ayudantes para transmitir el espíritu de inocencia y fe. ¿Cómo podemos ser uno de esos asistentes? De una manera muy sencilla: promoviendo la creencia de que existe y afirmando todos los valores y virtudes que él representa.

Papá Noel, como es conocido en algunos lugares, desea que la fe resurja en quienes la han perdido. Cuando alguien vuelve a creer y acepta que los milagros pueden ocurrir, él ríe de manera estruendosa y la ternura se manifiesta en sus ojos. Además, Santa nos enseña que la pobreza es la carencia de fe, porque no importa cuánto tengamos, sino que sin esperanza nada vale la pena. De hecho, podemos tener poco, pero cuando la fe está presente comprendemos con alegría que tenemos todo.

Santa es un amoroso ser que puede estar presente en nuestras vidas. No se necesita más que creer en su espíritu para que la capacidad de hallar milagros de la fe se avive.

Hoy te invito a que pienses en Santa por unos momentos: cierra los ojos, respira profundo y di varias veces su nombre. Observa lo que ocurre. ¿Sonríes? ¿Escuchas su risa? ¿Ves su rostro? Lo que sea que pase, te aseguro que te llenará una sensación de gozo en el corazón.

Esa es la prueba más profunda de que Santa Claus sí existe.

Namasté,

Dano

Foto por Mike Arney vía Unsplash