Comer como un ritual espiritual

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Para mí comer siempre ha sido un ritual espiritual, pues tuve la fortuna de crecer en una familia que siempre le dio un lugar importante a los alimentos. Así aprendí desde joven que una buena alimentación no solo nutre el cuerpo, sino también el espíritu.

Sin embargo, si analizo el panorama actual observo que nuestros hábitos han cambiado en cuanto a la calidad de los alimentos, la cantidad y la forma en la que los consumimos. ¿Cuántas de las tres o cuatro comidas al día realmente disfrutamos? ¿Qué tan apurados comemos? ¿Qué tan bien balanceados están nuestros platos? Comer puede ser un acto de comunión con el espíritu. Desgraciadamente, dejamos de darle la importancia debida ya sea por prisa o desinterés.

Cuando nos permitimos gozar nuestra alma también se llena. Entonces, si esto es así, por qué no darle la importancia necesaria a este ritual, por qué no regalarnos tiempo para el disfrute y agradecer siempre por nuestros alimentos. Cuando nos desconectamos de nosotros mismos consumimos productos que no nos nutren y nos generan miedo. En cambio, si le prestamos atención a este ritual y nos comprometemos con el concepto de alimentación emocional, pronto nos daremos amor mediante la comida.

La alimentación emocional inicia desde la selección de todo aquello que consumimos y nos lleva a preferir comida saludable. La energía que proviene de alimentos bien escogidos nos permite experimentar un estado óptimo corporal y eleva nuestra energía. Además, cuando estamos presentes en cuerpo y alma mientras comemos, cuando le prestamos atención a cada bocado, disfrutamos los sabores, las texturas, nos sentimos plenos, alegres y con mayor capacidad para afrontar los retos de la vida.

Comer es un acto de amor, es un ritual de comunión con todo nuestro ser.

Namasté,

Dano