La práctica sagrada de abundancia

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Hace unos años, uno de mis mejores amigos me pidió un préstamo pues atravesaba una situación financiera difícil. Aunque era una persona que ya no frecuentaba mucho, lo apreciaba y le presté una suma considerable que a la fecha no me ha devuelto. Tras entregarle aquella cantidad mi amigo se desentendió y desde entonces se ha limitado a darme largas acerca del reembolso. Esta situación, confieso, me ha llenado de rabia y coraje.

Sé que esos sentimientos bloquean la abundancia no solo económica, sino emocional por el simple hecho de que me hacen sufrir por dentro y me alejan del gozo. Sé que, si quiero vivir en abundancia, necesito soltar este hecho de una vez por todas, pero ¿cómo hacerlo si hay dinero de por medio? A veces meto más el dedo en la herida y acepto que cuando me pidió ese préstamo había señales claras de que no debía entregarle dicha cantidad. Sin embargo, no escuché mi intuición y confié ciegamente en esa persona.

Desde el principio se evidenció que, ante tantos problemas económicos y su incapacidad para resolverlos, ese dinero estaba perdido y era lógico que mi amigo no fuera capaz de devolverme lo que estaba pidiendo. Sin embargo, yo pensaba que él debía actuar de cierta forma, y fueron estas expectativas incumplidas las que me produjeron mucho enojo.

Creo que mi disgusto sería aún mayor si no hubiera recurrido a la meditación, esta me ha permitido cobrar conciencia de mis emociones y de lo que hay detrás de ellas. Así que visitando mi interior me di cuenta del problema: ¡estaba molesto conmigo mismo más que con él! ¡Me estaba aferrando a que me regresara el dinero alguien que no tenía la capacidad de hacerlo!

¿Vale la suma que le di llenar de rencor mi corazón? ¡Para nada, pero yo me estanqué un buen tiempo en el asunto y me instalé en una terrible vibración de carencia que estaba materializando! No era casualidad que en esa época empezara a tener algunos problemas financieros y que ese préstamo sin retorno fuera una de las causas que me hizo perder mi estabilidad. Con la abundancia todo debe fluir y aferrarme a que esa suma regresara por la misma vía cerraba el flujo natural de la ley de causa y efecto.

Afortunadamente, tuve claridad y decidí dejar ir las cosas gracias a una de las prácticas más importantes de la abundancia: el perdón. Al estar rumiando la deuda de mi amigo me llenaba de rencor y sufrimiento. Cuando me atreví a perdonarme, solté la carga y pude expulsar ese resentimiento que estaba en mi corazón.

El universo es una fuente infinita de abundancia a la cual nos conectamos gracias al perdón. Han pasado varios años y mi amigo sigue pasando carencia. Yo perdoné, decidí disfrutar el presente, superar el error que cometí  y vivir en abundancia. Cuando ayudé lo hice de corazón, pero después no creí en mi capacidad para reponer esa pérdida y esa fue la verdadera equivocación.

Perdonar no libera de la deuda a mi amigo, pero sí me libra de esa carga emocional y abre las puertas para que el universo me reponga el dinero con creces. Por eso el perdón es una práctica sagrada de abundancia.

Namasté,

Dano