¿Cómo llegaron los Ángeles a mi vida?

Es una gran pregunta, pues no siempre fui una persona de fe y mucho menos creyente en ellos. De hecho, yo era una persona muy escéptica e incluso  llegué a cuestionar la existencia de Dios con todo mi ser. 

No siempre canalicé Ángeles, ni tuve una practica espiritual como la de hoy en día. De hecho me encantaba la fiesta y emborracharme socialmente. Me encantaba estar en ese estado, por que ahí no me sentía neurótico ni deprimido. Estaba yo absolutamente distraído con lo externo y eso me hacia estar en “paz” conmigo mismo, a excepción claro, que no estuviera enfiestado. 

Mi infancia fue maravillosa aunque marcada con una enorme herida derivada del divorcio de mis padres. Recuerdo que antes de eso rezaba en las noches, le hablaba a la virgen, Jesús y a mi Ángel de la guarda como si fueran personas de carne y hueso, pero eso se acabo el día que creía que mi vida había perdido sentido al separarse mi familia de origen. En verdad caí destruido, pero como buen perfeccionista, nunca lo mostré. 

Cada vez que mis papás -que se separaron en buen término- evaluaron como estaba yo, sabía como hacerles ver que no había nada de que preocuparse. Aún cuando estaba destrozado por dentro. La realidad es que una bomba de tiempo llamada depresión y ansiedad se activó en algún momento de esa ruptura. 

Así transcurrió el tiempo, mi época zombie donde hacia lo que se tenía que hacer y buscaba cumplir con las expectativas de los demás así como los estándares sociales. Pero un día algo cambió. Fue cuando estaba yo en una fiesta en mi casa -mamá estaba de viaje-, con mis amigos, una chica muy guapa con la que salía y en el mejor momento de la fiesta, una melancolía apareció en mí. Sentía una terrible sensación de soledad aún rodeado de gente. Me retiré de la fiesta con dirección a mi patio, donde me agaché para acariciar y abrazar a mi perro dálmata y me puse a llorar. 

Ese día me di cuenta que era presa de la depresión, pero recuerdo que con una fe que no supe de dónde salió, le hablé a Dios desde mi corazón por primera vez en mucho tiempo: “Si en verdad existes, ayúdame ya que esto va a terminar mal y sé que hay otra forma de vivir”. 

Creo que no pasó mucho tiempo, en el que empecé a notar señales, y una enorme inquietud de abrirme a pedir ayuda, aún no queriendo e incluso sin saber cómo. Mi yo perfeccionista me hacía creer que dejarme ayudar era de débiles o una demostración de mi fracaso. ¡Que pendejada!. Pero bueno eso es punto y a parte. En ese impulso interior recordé que había escuchado en la iglesia de los Ángeles, y cuestioné a Dios sí en verdad existían: la respuesta vino en el libro Sánese con los Ángeles. Pero mi incredulidad no pienses que desapareció de inmediato, tiendo a ser  necio hasta la pared de enfrente. 

Así que fui retándolos para que me confirmaran su existencia. Una y otra vez me mandaron plumas, monedas, canciones, libros, números, nubes, personas, formas de corazón, hasta buenamente un día mi ego se rindió (aunque aveces me sigue haciendo dudar). 

Por eso entiendo a quienes dudan de la existencia de los seres de luz, yo estuve ahí. Esa es la razón por la que me encanta enseñar con practicidad, pues tengo plena confianza de su presencia en nuestras vidas así como de su disposición para mostrarnos su presencia. 

También entiendo la gran duda de si pedirle ayuda a Dios o a los Ángeles, pero en mi caso aprendí que no hay separación, yo le pedí ayuda a el/ella y me mando a sus ayudantes celestiales para hacer mi vida sumamente plena. 

Mi historia tiene un final feliz, simplemente por que me abrí a recibir la amorosa ayuda de Dios y sus increíbles ayudantes celestiales. 

Publicado por Dano González

Avanzando en el camino de la luz.

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