Decidí dejar de ser bueno

Muchas personas cercanas me llaman “el buen Dano”, quizá me nombran así porque casi nunca me ven molesto o, si lo estoy, observan mis emociones controladas. En situaciones difíciles, siempre trato de ser amable con los demás, el problema de esto es que en ocasiones esa ecuanimidad surge a costa mía. Tras pensar en ciertas experiencias en las que decidí mantenerme afable aunque en el fondo ansiaba hacer lo contrario, hoy decidí dejar de ser bueno.

De alguna manera crecí creyendo que la angustia, la tristeza y el enojo eran malos, por esto desarrollé la capacidad de reprimirme lo suficiente como para aparentar ser una buena persona todo el tiempo, aprendí a no reflejar ninguna de estas emociones aun cuando las sentía de forma intensa. Desde dicha perspectiva, ser bueno implica quedar bien con los demás, no molestarse con nadie y tratar de ver lo positivo en todas las personas. Sin embargo, actuar siempre de esa forma me cobra factura, pues muchas veces no estoy tratándome amorosa y compasivamente.

Cuando no demuestro enojo si alguien no respeta mi tiempo o hace comentarios hirientes o negativos, suelo asumir que la persona en cuestión no actúa de esa manera a propósito; así justifico sus acciones y no le doy importancia al malestar que me generan, aun cuando por dentro el disgusto me carcoma.

En el pasado, las emociones no dichas me produjeron colitis, gastritis y reflujo, problemas que logré curar en gran medida por medio de la alimentación. Asimismo, aprender a expresarme ha ayudado en el proceso: hoy honro lo que siento, de otra manera las emociones no manifestadas me producen ansiedad y se convierten en una especie de bumerán que afecta mi vida en todos los niveles.

¡Basta de ser bueno! Elijo en cambio ser amoroso, que no es en absoluto ser mala persona, sino indicar límites justos conmigo y con los otros: la idea de ser bueno me llena de alegría; no serlo me genera miedo. Sin embargo, no puedo ser bueno a costa mía, pues el amor que tengo para ofrecer nace de mí. Necesito aprender a darme mi lugar, a reconocer mis sentimientos y a ser tanto amoroso como firme.

Elijo ya no ser bueno. Elijo ser amoroso. Elijo correr el riesgo de que a la gente no le gusten mis límites, incluso con el miedo que todavía me genera el dejar de ser amado, pues he de aceptar que el único amor que realmente necesito es el mío.

Hoy me permito revelar el enojo, me digo que no soy malo por decir lo que siento, respeto mi espacio y me honro. No tengo que ser bueno con todas las personas, en particular con aquellas que no me respetan y solo absorben mi energía. Tengo el derecho a elegir a quién amar y la forma en que seré amado.

El amor es una práctica de todos los días, respetar mi persona es amar.

Namaste,

Dano

Publicado por Dano González

Avanzando en el camino de la luz.

2 comentarios sobre “Decidí dejar de ser bueno

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