El día que me reencontre.

El día más liberador de mi vida, fue el día en el que me pude perdonar. Creía que en toda mi existencia no había sido suficiente, que tenía que cargar mis errores, que mi existencia no valía, pero sobretodo que no era digno del amor de Dios. Recuerdo que solo basto perdonarme con sinceridad, para que la sensación de tranquilidad llegada a mi. ¿Por que me había yo negado a sentirme amado?

Quizás la principal razón es que estaba yo siendo muy duro conmigo mismo, al juzgarme tan fuerte estaba creyendo que Dios hacia lo mismo por mí. Al cargar está culpa estaba yo diciéndome que no era merecedor de ser amado, ni por el mismísimo creador. Es decir, estaba  desconectándome cada vez más de mi esencia, que no es otra mas que la esencia del amor, Dios.

Nuestra humanidad nos hace ver que nuestros errores son cosas malas, fatales y de consecuencias permanentes. Aunque desde la perspectiva del amor, cada una de las lecciones son necesarias para que obtengamos los aprendizajes que nos llevan a nuestra evolución personal.

En el nivel espiritual lo sabemos todo, lo somos todo. Pero en el nivel humano requerimos recordarlo, necesitamos tropezarnos para poder reactivar lo que somos. 

Necesitamos aprender a ser menos duros con nosotros. Pero sobretodo a recordar que somos humanos, que Dios sabe esto y que por eso nos ama sin importar nuestros errores mundanos. Si te cuesta aceptar este hecho es por qué hay algo dentro de ti que lo está bloqueando.

Aprender a perdonarse por nuestra limitada capacidad es el primer paso. Ayuda y libera. Aceptarse es entonces la práctica que hace que podamos sentirnos amados y en paz. De no hacer ninguna de las dos, nos sentimos fallados y perseguidos. Está sensación activa el instinto primitivo de luchar o huir, inconscientemente nos sentimos “pecadores” que son perseguidos por sus pecados. Hay personas que hasta sueñan con eso.

Dios no juzga, solo ama. Y sentirse desconectado tampoco es malo. Por el contrario es un llamado a reencontrarse con el amor incondicional que tan necesario es para que podamos vivir. De hecho el gran secreto de la vida es que venimos a recordar nuestra inmensa capacidad de amar.

Somos tan profundamente amados que Dios respeta nuestra voluntad. Nos permite equivocarnos y el siempre esta ahí listo para ayudarnos en la medida que lo dejemos ayudarnos. Cuando llegamos a ese momento nos damos cuenta de que aunque nos hayamos sentido solos, en realidad nunca fue así, siempre hemos estado bajo su amor.

Repite: Hoy elijo recibir sin límites todo el amor que Dios tiene para mí.

Namasté.

Publicado por Dano González

Avanzando en el camino de la luz.

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