Era una bendición que me avergonzaba

Tengo un papá maravilloso, y aunque hoy lo puedo decir a los cuatro vientos, por largo tiempo me contrariaba su forma de ser porque me reflejaba en él. Sin embargo, cuando comencé a amarme tal cual soy, también lo amé sin restricciones.

Antes algo me impedía ver todas las cualidades de mi padre; ahora, sin olvidar que no es perfecto como nadie lo es, observo que es un ser maravilloso cuyas virtudes no percibía por mi necesidad de juzgar.

Juzgar a los otros y a nosotros mismos es una acción impulsada por nuestro ego, el cual no trabaja con la inteligencia sino con nuestro instinto de supervivencia, es decir, su objetivo es cuidarnos de los supuestos peligros que nos rodean. Es por esto que yo, desde la infancia, sentía vergüenza de la forma extrovertida de ser de mi papá porque creía que su carácter podía hacerme quedar en ridículo. Al final, lo único que estaba pasando es que me estaba negando a amar a una persona maravillosa e importante en mi vida.

Hoy sé que mi papá me ha hecho crecer como individuo. Ahora puedo presumir que cuando sané la relación conmigo mismo, sané la relación con él, y de ser distante y conflictiva se convirtió en una relación de amigos y confidentes. Al aceptar esa persona que soy, expresarme, perdonarme y perdonar a mi padre, comenzamos de nuevo desde un lugar mejor.

 Detrás de mi vergüenza y miedo, había una gran lección: eso que nos incomoda es un aprendizaje pendiente que nos dará la libertad para amar(nos) como nunca antes.

Namasté,

Dano

Publicado por Dano González

Avanzando en el camino de la luz.

3 comentarios sobre “Era una bendición que me avergonzaba

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: