Te invito a morir.

“A vivir se aprende toda la vida, y toda la vida se ha de aprender a morir”
-Seneca

La vida es una serie de subes y bajas. Trabajamos enormemente para muchas cosas que deseamos con toda el alma y de pronto las cosas cambian haciendo que en un abrir y cerrar de ojos todo desaparezca. ¿Cómo seguir adelante cuando hemos perdido algo a lo que le hemos invertido tanto? ¿Por qué ocurren esas cosas?

Quizás no pueda darte una respuesta única, ni pretendo hacerlo. La vida de cada uno de nosotros es diferente, en mi experiencia he aprendido que depende de como reaccionemos ante estas situaciones se determina la manera en la que vivimos.

En el budismo se habla mucho sobre la relación entre el sufrimiento y el apego, invariablemente cuando nos apegamos o peor aún, nos aferramos a algo, tarde o temprano el sufrimiento y el dolor aparecen. Lo más curioso es que nos acostumbramos a esto, nos volvemos inmunes a darnos cuenta de esta causa y su respectivo efecto. Dejamos de ver la relación y podemos cargar mucho tiempo este tipo de apegos y sufrimientos.

Mientras más le hayamos invertido a algo, más doloroso es.
Mientras más expectativas del futuro tengamos con lo que nos aferramos, más doloroso es.
Mientras más resistencia tengamos a aceptar, más doloroso es.

Lo único que cambia las cosas, es aceptar que perdimos. Justo ahí está la abundancia. Muchos creemos que cuando perdemos lo hacemos de manera permanente, que cada tropiezo nos esta quitando algo. Pero en realidad es todo lo contrario. Si aceptamos la lección nos estamos abriendo a algo que nos traerá una bendición.

La abundancia es un flujo constante de ir y venir. Cuando nos aferramos a algo cortamos el flujo e imposibilitamos que nos devuelva lo que invertimos, pues lo estamos impidiendo.

Esto no quiere decir que no nos demos tiempo de procesar el dolor, o lo que Seneca llama “aprender a morir”. En Yoga la postura final se llama Savasana o postura del cadaver y representa esta muerte que prepara justo nuestro renacer. Pues solo cuando nos permitimos morir/perder podemos aprender para finalmente renacer. Es en el fondo una cuestión de energía. Solo somos capaces de fluir cuando la liberamos.

Cuando nos atoramos en el pasado, por lo que teníamos, éramos o íbamos a recibir, nos quedamos en la posibilidad de lo que no fue, en una especie de limbo que nos deja lejos de estar en el presente, donde están nuestras bendiciones. Seamos claros, las bendiciones no están ni en el futuro, ni en el pasado. Solo cuando nos abrimos a vivir el presente las podemos disfrutar.

Y hoy, me despido con una frase de una canción católica: “hay que morir para vivir”… Con esto quiero decir que tanto los filosófos como religiosos dicen lo mismo de distintas formas. Tenemos que aceptar que perdimos para poder abrirnos a lo que nos toca.

En nuestras lecciones están nuestras más grandes bendiciones.

Namasté.

Publicado por Dano González

Avanzando en el camino de la luz.

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